Constituidos en el Mal-estar.

Ser Psicólog@ Clínic@ implica atender pacientes: jóvenes, niños, adultos. 
El Psicoanálisis freudo-lacaniano conlleva una escucha, cuyo fundamento principal tiene relación con el lugar que se le da al inconsciente, como instancia particular y determinante de lo humano, suponiendo algo de lo incógnito en aquello que creemos que somos y que no es manejable ni controlable por la voluntad. 
Algo del "si mismo" escapa al YO, quien deja de ser señor y dueño de su ser, haciéndolo un sujeto dividido y escindido estructuralmente, como si siempre se estuviera conviviendo con otro personaje que hace trampa, zancadillas, produciendo extrañezas y desagrado por no lograr la coherencia y unidad esperada. 

Desde que nace, el ser humano se va configurando a partir de ciertas contradicciones estructurales, que van constituyendo "eso que cree ser", pero que nunca conoce del todo, produciendo una sensación de incomodidad en relación a sí mismo y con los otros: un MAL-ESTAR. 
Por un lado, están las intenciones y voluntades para lograr lo propuesto; por otro, hay una especie de hermano chico molestoso que va desarmando todo el empeño que se tenga.
 
En esta dinámica, la persona hace muchos esfuerzos por cambiar las cosas, sin resultado: adelgazar, dejar las drogas, ser más ordenado, tener relaciones amorosas sin destino y diversas situaciones que van poniendo en evidencia un más allá de uno, que resiste a la voluntad y que repite una y otra vez. 

"Tropecé con la misma piedra" es una frase atingente. 
A veces se hace evidente; otras se da en forma más disimulada, necesitando de otro para tomar en cuenta que se trata de lo mismo. 
Estos tropiezos constantes hacen que la persona diga "ops, algo tengo que hacer con esto" y se movilice a consultar. 

Lo particular del tratamiento psicoanalítico es que no apunta a reforzar al YO, al "tu puedes", ni a la voluntad gloriosa, sino a la pregunta. 
El método es a través de algo tan simple y complejo como hablar. 
Es aquí donde la atención del analista hacia el paciente se vuelve "personalizada", porque lo que se dice trata solo de quien lo dice.
 En el hablar surge una incógnita, un misterio, un trabajo que va aconteciendo en cada sesión.   

En un primer momento, se instala un espacio de escucha para establecer un lazo con otro, que permita ir tejiendo y descubriendo la trama en la cual el paciente se ha ido ubicando y constituyendo a lo largo de su vida. También, para ir señalando los puntos de conflicto, entrampamientos, repeticiones, que irán estableciendo ciertas líneas de trabajo a seguir. 
La función del analista es otorgar un lugar, un espacio para que el paciente hable, pueda explayarse desde su singularidad y de una manera diferente a como lo ha hecho en lo cotidiano. 

La tarea no es fácil ni corta, ya que va poniendo en juego la vida misma y sus dificultades siempre complejas: lo incógnito del ser humano, de aquellos lugares desconocidos y misteriosos que a ratos sorprenden tanto al paciente como al analista.      


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