PEDIR AYUDA... Qué Verguenza, Qué Debilidad...!!!



"Convivir con la soledad es un valor
Convivir con los demás, también"

Algunas personas que asisten al psicólogo presentan una contradicción interna. Por un lado, solicitan ayuda; por otro, creen que deben resolver sus problemas solos, que necesitar y pedir ayuda es una debilidad, y esto los avergüenza.

Muchas veces, detrás de esta creencia está el supuesto de que deberían tener la fortaleza y la sabiduría para enfrentar el mundo y sus dificultades, supuesto se ha ido instalando desde los primeros años de vida. Por ejemplo, si un niño llora, pide atención y nunca lo reconocen, podría quedarse con la impresión de que nadie lo ayuda y debe conseguir las cosas solo. Si esto se reitera, la persona va construyendo psíquicamente un concepto de soledad, abandono y  desconfianza, que lo "acompañará" en la vida adulta. De esta forma, se va constituyendo una persona que se las arregla sola, que no necesita a nadie y que sabe todo sobre sí misma. 

Esta forma de relación ha sido la mejor manera que ha encontrado la persona para sobrevivir. Es la forma cómo se las ha arreglado para sostenerse. En este contexto, pedir ayuda implicaría encontrarse con estados negados y no reconocidos de sí mism@, como la debilidad, la tristeza y el abandono, que lo vincularían a su propia fragilidad. Sin embargo, cuando empiezan a surgir dificultades en las relaciones interpersonales, enfermedades y otras complicaciones, la persona hace crisis y se cuestiona a sí misma. 

Este movimiento abre una pequeña ventana para reflexionar sobre lo que sucede. Visitar a un psicólogo es una posibilidad para hacerlo.


Cuando una persona visita al psicólogo empieza a repetir con él o ella, el vínculo que estableció en sus primeros años de vida y que, probablemente, ha establecido con los demás. La forma cómo llega un paciente a una terapia es similar a cómo ha enfrentado la ayuda del otro a lo largo de su historia. El paciente puede llegar desconfiado, avergonzado, inseguro, demandante, inquieto, apresurado, estados que instalan preguntas: "¿Cómo me puede ayudar usted?" o "Yo no debiera necesitarla, yo debiera resolver esto solo" o "Bueno, ayúdeme. Pregunte, yo le respondo".

Lo particular de una psicoterapia es que es un espacio en el cual el paciente puede hablar y reflexionar acerca de su modo de vincularse. El terapeuta no es una madre sobre protectora ni abandonadora, no es un padre ausente ni autoritario. El paciente, inconscientemente, lo irá ubicando en esos lugares y es necesario que esto se produzca para que funcione el trabajo personal.

Algunos pacientes temen que el vínculo terapéutico se transforme en una dependencia interminable, en la que nada se hace sin preguntar al psicólogo. Existe el miedo a que el psicólogo falle y descuide al paciente, contando infidencias o abandonándolo. Existen muchos miedos al involucrarse en una relación terapéutica, uno de los vínculos de mayor intimidad. Es necesario hablar de estos temas en este espacio, ya que todo lo que surge en esta intimidad, posiblemente estará definiendo o estorbando otras intimidades.

La función del psicólogo es escuchar. Escuchar implica 
dar un lugar al otro, reconocerlo como persona, sostener su angustia, posibilitar un espacio de reflexión y construcción de la subjetividad. 

El pasado se hace presente, se repite y aparece cuando menos se espera. Pedir ayuda a un psicólogo es tener la posibilidad de instalar un espacio para reflexionar sobre el vínculo con los demás, hacerse cargo de la propia historia y no quedar atrapado, una vez más, en las eternas relaciones de infancia.



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